Ana Azanza

Inflamación silenciosa

Ana Azanza

Inflamación silenciosa

03/05/2021

¿Eres de las personas a las que les duelen los abrazos?

Quizás esté siendo algo exagerada, o quizás no, si tu cuerpo reacciona con dolor ante la más leve presión que se ejerza sobre su piel, ya sea un masaje en la espalda, una presoterapia en las piernas o simplemente, si le agarran sin excesiva fuerza, la de un brazo.

Eso es tener la sensibilidad a flor de piel, es uno de los síntomas, que junto a otros, puede estar indicando cierto grado de inflamación silenciosa.

Para mí, la mejor forma de comprobarlo es pellizcando con mis dedos la piel del abdomen de mi paciente y avanzar sobre la superficie de izquierda a derecha, haciendo un rodillo, pero sin hacer fuerza. Lo mismo, en la espalda a nivel de omoplatos, de abajo arriba y en el cuello, de un lado a otro por encima del tiroides. Esos son los “puntos clave” por los que detecto, si existe inflamación. Unos pacientes te responden con un gesto de dolor, otros con un alarido y otros te responden de forma jocosa, que puedes seguir con “el masaje” …

La inflamación silenciosa es un estado subagudo de inflamación, es decir, un grado bajo y generalizado de inflamación en nuestro cuerpo.

Al ser una inflamación de baja intensidad, no presenta los clásicos síntomas de la inflamación aguda, que son: dolor, calor, rubor (enrojecimiento) y tumor (agrandamiento). Pero sí otras señales y sensaciones más generalizadas como, por ejemplo:

  • una piel que enrojece solo de rozarla un poco con una gasa
  • un bajo umbral para el dolor a nivel superficial subcutáneo
  • quizás también, una sensación de intoxicación
  • a veces, embotamiento o espesura mental
  • retención de líquidos o edema
  • tendencia a mucosas inflamadas

En definitiva, síntomas inespecíficos, que no matan a nadie, pero que fastidian.

Y la pregunta clave es: ¿de qué se está defendiendo el cuerpo cuando eso ocurre?

Todos sabemos que la inflamación es una respuesta de defensa frente a la infección o cualquier ataque a la integridad de nuestro organismo. Del mismo modo, la inflamación de bajo grado es también una respuesta, eso sí, leve e insidiosa, frente a un enemigo en este caso, más sibilino.

Este enemigo no suele ir por libre, sino unido a otros enemigos, y entre todos, van deteriorando poco a poco los sistemas y provocando la enfermedad crónica.
Y me refiero a todo un cortejo de factores pro inflamatorios como son:

  • los alimentos dañinos cargados de azúcares y aditivos
  • las sustancias químicas en forma de pesticidas, medicamentos o productos de limpieza o cosmética
  • microrganismos patógenos
  • el estrés y la mala gestión de las emociones y las relaciones interpersonales en casa, en el trabajo, en la comunidad…
  • el poco sueño reparador
  • la falta de exposición solar
  • la ausencia de ejercicio y movimiento
  • y la escasa hidratación

La mucosa que primero se suele irritar es la del intestino, y su inflamación se extiende con rapidez a las demás mucosas. Eso no quiere decir que necesariamente tenga que ser así, pero es de lo más frecuente. En cualquier caso, todo en nuestro cuerpo está conectado y vinculado por:

  • la sangre y los vasos sanguíneos transportando sustancias y gases
  • nuestro sistema linfático, drenando la basura intercelular
  • los meridianos de energía descubiertos por los chinos, hace millones de años
  • las hormonas actuando aquí y allá
  • los microorganismos de nuestro microbioma
  • los epitelios revistiendo absolutamente todas las superficies como la piel y las paredes vasculares y demás órganos
  • los tejidos conectivos de relleno como la grasa corporal o el colágeno
  • el cableado del sistema nervioso
  • y por supuesto, nuestros centros nerviosos que dirigen casi todo desde la central

En conclusión: todas las partes del cuerpo están conectadas y se enteran de todo, respondiendo al unísono, en mayor o menor medida, según su afectación o implicación, cuando algún enemigo ataca al sistema de todos.