Ramón de Cangas

Practica mindul eating y mejora tu salud

Ramón de Cangas

Practica mindul eating y mejora tu salud

03/08/2022

Si en un anterior artículo vimos la importancia del nervio vago para nuestra salud, hoy ofrecemos una visión más práctica de cómo podemos mejorar nuestro bienestar (físico y mental) a través de él.

Recordemos que el nervio vago está involucrado, principalmente, en las funciones del sistema respiratorio, cardiovascular y digestivo. Permite reducir la frecuencia cardiaca y disminuir la presión sanguínea; a efectos del sistema respiratorio regula las respiraciones y, gracias a que conecta el sistema digestivo y el sistema nervioso central, se involucra también en la liberación de los jugos gástricos, descomponiendo la comida en el estómago. A su vez, es responsable de la contracción de los músculos que permiten la digestión y, como dato, tiene su papel a la hora de generarnos sensación de hambre y saciedad.

Pero, ¡no solo eso!, este nervio es fundamental para calmarnos y por ello nuestro cerebro identifica lo que el cuerpo siente. ¿Sabías que influye en nuestra mente y en nuestra respuesta emocional?

Puesto que el nervio vago participa en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, si recibimos una alerta, física o emocional, el hecho de que generemos mayor cantidad de adrenalina y cortisol (hormona del estrés) va a suponer que algunas funciones, entre ellas la digestiva, pasen a un segundo plano y, por ende, nuestra digestión no resultará ser todo lo óptima que sería si, por el contrario, hubiéramos estado relajados al comer.

Al habituarnos a un estado de constante estimulación por estresores externos (personas o circunstancias que elevan nuestra sensación de alerta) seguramente la función parasimpática (relajación) del cuerpo empiece a darnos “fallos”. SOLO, A NIVEL DIGESTIVO, si el nervio vago no funciona óptimamente se puede traducir en: náuseas, vómitos, digestiones lentas y pesadas, acidez estomacal (sensación de ardor), distensión (inflamación) o dolor estomacal, alteración de la sensación de hambre y saciedad etc. Incluso, su mal funcionamiento puede derivar en pérdidas de consciencia.

No obstante, al igual que mejoramos nuestra capacidad de respuesta ante situaciones estresantes, podemos ayudar a nuestro nervio vago a funcionar óptimamente. Y ¿CÓMO? Muy sencillo, cuando hablamos de practicar la atención plena mientras comemos, lo que se conoce como mindful eating, estamos optimizando el tono vagal.

Al alimentarnos de forma consciente, estamos ingiriendo los alimentos en un estado de atención que supone degustar los sabores, las texturas, aromas y sensaciones que nos provoca la comida. Masticar despacio y el tiempo suficiente, hasta que el alimento está debidamente triturado, contribuye a una mejor formación del bolo alimentario.

Además, y no menos importante, gracias al mindful eating o alimentación consciente, estaremos respirando pausadamente y de manera diafragmática (hinchando la “barriga”, que no el pecho), lo cual ayuda a nuestro organismo a entrar en un estado parasimpático, de calma, que se va a traducir en una mejor síntesis de los nutrientes, mayor sensación de saciedad, mejores digestiones y un reconocimiento más inmediato del hambre emocional, en el caso de que estuviéramos bajo sus efectos.

Imaginemos, por un momento, que hemos elegido ciertos alimentos, no por su aportación nutricional, sino por la necesidad emocional que satisfacen. Por ejemplo, al servirnos un refresco azucarado o bebida alcohólica tras un suceso especialmente intenso y estresante… Puede ser una manera (nos decimos) de disfrutar de un poco de “relajación y bienestar” instantáneos. Recordemos que el valor de una bebida o alimento, tanto en cuanto nos produzca bienestar o placer, es el que nosotros hemos decidido darle… Un alimento no implica, necesariamente, un estado de bienestar y calma, a no ser que nosotros hayamos creado esa neuro-asociación (vinculación emocional) en base a otras experiencias previas.

Practicar mindful eating, es decir, practicar la atención plena mientras comemos, supone estar conscientes, no solo de los alimentos elegidos para ingerir, sino también del “para qué” de esa elección. Se trata de reconocer la necesidad emocional que se siente satisfecha con la ingesta de ese alimento o bebida en particular. Y ¡no solo eso! poner en práctica el mindful eating, supone considerar el modo en el que hemos cocinado (con mayor o menor cantidad de aceite, sal, etc.) y, por supuesto, dar atención al tamaño de las cantidades, considerando la hora del día y nuestra actividad.

Si comemos bajo presión o estimulados por algún elemento estresor, como puede ser mantener una conversación acalorada o desagradable, ver o escuchar algo que nos hace sentir inquietos, tristes o enfadados… ¡RECUERDA!, todo ello va a incidir en el modo en el que nuestro nervio vago trabajará, determinando la calidad de nuestras digestiones.

Cuidar tu dieta es muy interesante para un buen tono vagal. Cuando lo hacemos, estamos mejorando la calidad de nuestra microbiota intestinal (flora intestinal). ¡Evita el tabaco, el alcohol y el consumo de ultraprocesados, diariamente!

El ayuno intermitente es una herramienta que nos puede resultar útil para mejorar el tono vagal, por ello, acude a un Dietista-Nutricionista para que diseñe tu dieta a tu medida y pueda, a su vez, valorar la recomendación de ciertos alimentos prebióticos o el consumo de probióticos. Además, empieza a practicar mindful eating en sesiones con un profesional debidamente formado.

¡TU SALUD Y BIENESTAR VAN DE LA MANO!

Dr. Ramón de Cangas Morán – RoMa Health Coach (Rocío M. López)