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¿Se puede comer de manera intuitiva?

En los últimos tiempos estamos siendo testigos del gran auge de la nutrición por la cantidad de programas, cursos, libros y blogs que tratan sobre alimentación saludable.

Las teorías y consejos se han multiplicado, lo que nos está indicando que el tema es de por sí complejo y controvertido, por lo que los diferentes enfoques producen confusión Y muchas personas que no saben realmente a quién hacer caso, optan finalmente por seguir su propio instinto de manera intuitiva.
Porque no todos somos iguales ni tenemos la misma percepción de la comida.
Los alimentos producen muchas sensaciones por su olor, sabor, textura en boca, color…que cada persona percibe e interpreta de forma muy personal según sus gustos, sus experiencias, costumbres, preferencias y creencias.
La variabilidad es increíble.

  • A unos les gusta lo dulce porque les aporta relajación o por simple adicción, y otros se inclinan por lo salado.
  • Hay quienes son amantes de los caldos y las sopas calentitas para entonar el cuerpo, y algunos se vuelven locos con el sabor estimulante de los cítricos.
  • Para unos la carne casi cruda y para otros… siempre muy hecha…
  • En zonas templadas o calurosas o cuando es verano, casi todos consumen ensaladas refrescantes y jugos fríos, mientras que otros lugares, basan su dieta en energéticos platos de cuchara para afrontar los rigores del invierno.
  • Quienes son originarios de un país donde se requiere desparasitar, adoran los sabores picantes y aromatizados con especias, cocinados muy lentamente durante horas y horas…
  • En cambio, en el otro extremo del mundo, no les queda más remedio que basar su dieta en carne grasa de animales marinos como la foca y los pescados, porque en su entorno no crecen plantas con hojas, ni frutas ni granos. Y saben que la grasa les es imprescindible en la dieta para no padecer una intoxicación por proteínas o mal de Caribú, ya que ellos no tienen la suerte de tener aceite de oliva.
  • En nuestro entorno muchas personas rechazan las verduras y lo hacen por distintos motivos: o porque detestan su color verde, o por las infinitas texturas que nos ofrecen entre fibrosa, lisa, blanda, dura, suave o áspera y la sensación que les produce al contacto con la lengua. Y otras veces su aversión a las verduras posiblemente tenga que ver con sus malas experiencias infantiles con las espinacas…a pesar de Popeye.
  • Resulta también llamativo la cantidad de personas que no consumen carne roja ni grasas saturadas alegando razones ecológicas o morales, pero en la mayoría de los casos es porque les resultan muy pesadas y les sientan mal para su digestión. En realidad, el motivo es que necesitan relajar un sistema nervioso demasiado “nervioso” y sienten de forma intuitiva que su dieta tiene que ser más liviana y ligera. Son personas que tienen un sueño ligero y unas digestiones delicadas por lo que necesitan cenar ligero y pronto y no consumir comidas demasiado sazonadas y grasas. Por el contrario, están los que comen de todo y a cualquier hora sin padecer jamás de ardores, porque nada les sienta mal, y además, necesitan comer carne y grasas con contundencia para encontrarse en plena forma.
  • Muchas personas hinchan nada más comer o a medida que avanza el día y saben o intuyen que el pan no les sienta bien ni tampoco la cerveza…en cambio toleran bien la avena.
  • Y otras están diagnosticadas de colon irritable y alternan estreñimiento y lo contrario y si probaran a dejar todos los lácteos mejorarían, pero igual no lo han pensado …porque no se han parado a observar.

Por todas estas razones y por la variabilidad entre personas, lo mejor es saber escuchar a tu cuerpo por encima de opiniones, ya que éste sabe perfectamente lo que necesita y lo que le sienta bien. El problema es que con tanta oferta y abundancia y sobre todo con tantas prisas y estímulos, hemos perdido ese instinto básico de observarnos.
Nuestro intestino nos está pidiendo que lo cuidemos, hagámosle caso.