frutos secos

La importancia de comer frutos secos

Es frecuente escuchar que los frutos secos engordan y por eso muchas personas los evitan. No resultan muy digestivos para algunos, pero ¿es conveniente darles protagonismo en nuestra dieta?

Hemos de partir siempre de la premisa de que la naturaleza nunca produce alimentos comestibles que perjudiquen nuestra salud y opiniones en contra de cualquier alimento que nos proporciona la naturaleza, tiene que ser cuestionado de inmediato.

Todos, absolutamente todos los frutos secos constituyen un alimento valioso de la dieta mediterránea por su alto contenido en grasas cardiosaludables, proteínas de alto valor biológico, abundante fibra, así como minerales y vitaminas como:

  • Calcio y fósforo: Como contienen las almendras,  ideal para evitar la osteoporosis
  • Potasio: En este caso, las castañas son el fruto seco que más potasio contiene
  • Magnesio:  Para relajar la tensión muscular y nerviosa, los anacardos son buenísimos
  • Hierro y cobre: Los pistachos son perfectos para evitar anemias
  • Vitamina B1: En este caso, destacamos los piñones, para el cerebro de estresados estudiantes
  • Zinc: Para las defensas, recomendamos las nueces
  • Vitamina E y selenio

Esta rica composición los convierte en alimentos de primer orden. Y si a esto le sumamos la gran ventaja que poseen de estar recubiertos por una cáscara dura que les protege de las inclemencias del tiempo y de las plagas, podemos considerarlos un regalo que la naturaleza nos ha dado a los países mediterráneos.

Los frutos secos son semillas recubiertas de una cáscara dura (que es en realidad el fruto incomible) que crecen en los árboles. Estas semillas pueden ser oleaginosas o farináceas, es decir más ricas en aceites como las nueces y almendras o más abundantes en almidón como la castaña.

Los cacahuetes no son propiamente frutos secos, si no que pertenecen a la familia de las leguminosas y crecen debajo de la tierra en lugar de en los árboles como los frutos secos, pero por su parecido y alto contenido en aceite se les equipara con éstos.

Lo ideal es comerlos crudos, como las nueces, o tras un escaldado y pelado como las almendras, pero también se consumen tostados con o sin sal.

Los frutos secos más populares en España son las almendras, avellanas y nueces, pero la variedad es inmensa y a estos hay que añadir, los piñones, los anacardos, pistachos, castañas, bellotas, nueces de Macadamia, nueces pecanas…

Es recomendable consumir habitualmente una variedad de todos ellos, porque, aunque todos nos aportan unos beneficios similares, cada uno tiene su especial fortaleza.

Y ¿cuándo y cuántos frutos secos comer?

Se pueden consumir en sustitución de las proteínas de la carne o huevos en comidas principales, como por ejemplo en el desayuno, donde una mezcla con frutas como arándanos, plátanos o pasas resulta un energético, nutritivo y delicioso comienzo del día.
También son adecuados entre comidas como tentempié saludable ya que su fibra y sus ácidos grasos nos aportan saciedad y energía para continuar funcionando.
Una buena alternativa para la merienda es un poco de cacao negro con unas nueces o almendras y una fruta.
Y también resultan muy interesantes para enriquecer ensaladas y otros platos cocinados.

¿Para quiénes son especialmente recomendados?

  • Estudiantes
  • Deportistas
  • Diabéticos
  • Enfermos cardiovasculares
  • Mujeres en edad fértil
  • Mujeres menopáusicas
  • Personas estresadas
  • Personas acidificadas
  • Personas con sobrepeso
  • Personas con delgadez
  • Vegetarianos
  • Ancianos

En definitiva, ¡para casi todo el mundo son recomendables!