FINAL FINAL

Gente que ama lo que hace: Maite Ardite, Directora y profesora del Estudio Maite Ardite Pilates Phnom Penh (Camboya)


De Myanmar con Pablo Gianella nos vamos a Camboya, más concretamente, a su capital, Phnom Penh, donde hemos entrevistado a Maite Ardite, una mujer muy poco convencional. Maite es una valiente con mayúsculas, ya que es uno de esos casos que dejó de forma radical una vida estable: trabajo, casa, vendió todas sus cosas y se vino a Asia a la aventura.

Dice que siempre ha sido un poco cabeza loca, por un lado valiente y por otro inconsciente: “hay que ser también un poco inconsciente para hacer las cosas como yo las he hecho siempre”, afirma, aunque también reconoce que cada vez nota que se toma las cosas de una forma más tranquila.

Con su vida (ella así nos lo aseguró) podrían escribirse varios libros y es que Maite no ha tenido problema en caminar por la vida haciendo en cada momento lo que sentía. Siendo joven trabajó durante mucho tiempo en el mundo de la noche y viajaba muchísimo. Y a la vuelta de uno de sus viajes, encontró lo que muchos buscan: la estabilidad de un empleo fijo en contabilidad y finanzas. Pasaba el tiempo y, cuando se vio cerca de cumplir 40 años se dio cuenta de que no estaba dispuesta a vivir ese tipo de vida hasta el momento de su jubilación:

“Trabajaba en una oficina mis ocho horas, cuando no más y el el momento en que salía me iba al gimnasio fácilmente 3 horas a entrenar. Pero me di cuenta de que en mi trabajo no me sentía realizada y, para colmo, apenas lograba llegar a fin de mes con el pago de todos mis gastos”. Fue en esa etapa cuando todo este malestar le sumió en una depresión que superó gracias al deporte: “Empecé a ir a la montaña con la bici con un grupo de personas geniales y, aunque en ese momento no me di cuenta, ahora veo que fue claramente mi punto de inflexión: cuando llegué a ciertas cimas que me parecían imposibles al principio, me di cuenta de que con esfuerzo y voluntad, era capaz de todo”.

Y aunque su gran cambio surgió a los 39 años, ella afirma que tenía claro desde hacía más tiempo que acabaría marchándose de España. Incluso antes de que le surgiera la oportunidad definitiva para irse, nos cuenta que inconscientemente ya había empezado a organizar y despejar su casa.

Un tiempo antes, como habíamos dicho, ya entrenaba como una auténtica profesional y, al finalizar su empleo, aprovechó para formarse como profesora de varias disciplinas colectivas de gimnasio. Y aunque la primera oportunidad le surgió de repente y tuvo que dejarlo todo en menos de tres meses: “no me dio tiempo a venderlo todo, casi todas mis cosas se las regalé a amigos y me fui de España con lo puesto, sin tener ni idea de inglés y 2.000 euros en el bolsillo”. El destino era Bali y su empleo, ayudar a un familiar en la cocina de un negocio que iba a abrir.

Pero su primera experiencia no resultó ser tan buena como imaginó, ni tampoco la segunda, que le llevo a pasar unos meses en Bangkok trabajando de lo que podía y en ocasiones, según nos confiesa, con bastantes dificultades para sobrevivir en la ciudad por el poco dinero que ingresaba.

Conocer gente, gracias a su tremenda apertura y sociabilidad, unido a su carácter atrevido y valiente, ha sido sin duda una de los principales motores de Maite.

En la etapa de Bangkok, fue anfitriona de “couchsurfing” y por su miniestudio pasaron todo tipo de viajeros. Con algunos llegó a la amistad e incluso pasaban de quedarse días a semanas. Una de las personas que se quedó en su casa, le recomendó que la situación de ella podría mejorar en Camboya, donde todo estaba mucho menos explotado y las oportunidades podrían ser mayores.

Y fue así, como buscó un voluntariado en el que trabajaba dando clases de Pilates a cambio de alojamiento y alguna comida. Primero estuvo unos meses al sur de Camboya en una aislada y paradisiaca zona de playa, pero la suerte con su “jefe” tampoco estuvo esta vez de su parte: “aquel trabajo rozaba la explotación”, nos reconocía Maite, y decidió cambiar de nuevo. Esta vez a Kampot, una zona interior de Camboya famosa por su increíble pimienta y que goza de unos paisajes espectaculares: “llegar allí fue como descubrir el paraíso: todas esas casas de madera en altura, los paisajes de ensueño y un río que pasaba al lado del lodge… no me lo podía creer”.maite1

Al fin encontró un trato amable por parte de sus empleadores: “me hicieron sentir como en casa”, dice Maite emocionada. Y ahí comenzó a esforzarse por aprender un inglés que al menos le sirviera para defenderse dando clases de la que era su especialidad: el Pilates. Pronto conoció allí a más gente y, entre esas personas, una le ofreció la oportunidad de ir a trabajar en un centro de Phnom Penh, la capital.

Y, de nuevo, se lanzó al cambio. Tras un tiempo trabajando duro con el idioma y ganándose a las clientes, se dio cuenta de que estaba capacitada para establecerse por su cuenta. Una vez más la gente vuelve a ser un factor importante para su mejora: una clienta le ayudó a conseguir una casa con una terraza tan amplia, que Maite invirtió en acristalarla y montar ahí su estudio. Hoy es el primero de la ciudad dedicado en exclusiva al Pilates y se ha convertido, aún más si cabe, en pionero gracias al sistema de suspensión TRX que ha instalado.

La historia de Maite es realmente inspiradora. La muestra de que el miedo es el principal culpable de que muchas personas no se atrevan a dar el paso para salir de su zona de confort, ésa que en muchas ocasiones no nos hace felices del todo. El claro ejemplo de que nunca es demasiado tarde, de que perseverando y no dándose por vencida el final feliz es posible. Hoy Maite considera que ha alcanzado el éxito, porque para ella éste se basa en poder hacer lo que te apasiona y encima ganarte la vida con ello. Muchos dirían que ha tenido suerte, pero nosotros más bien vemos cómo Maite persiguió esa suerte, cayendo muchas veces por el camino hasta que logró hacerse con ella y ya no soltarla nunca más.

Maite ¡Mil gracias por sorprendernos con tu apasionada historia y esas cañas junto al río Tonle Sap!