


03/05/2021
Quizás esté siendo algo exagerada, o quizás no, si tu cuerpo reacciona con dolor ante la más leve presión que se ejerza sobre su piel, ya sea un masaje en la espalda, una presoterapia en las piernas o simplemente, si le agarran sin excesiva fuerza, la de un brazo.
Eso es tener la sensibilidad a flor de piel, es uno de los síntomas, que junto a otros, puede estar indicando cierto grado de inflamación silenciosa.
Para mí, la mejor forma de comprobarlo es pellizcando con mis dedos la piel del abdomen de mi paciente y avanzar sobre la superficie de izquierda a derecha, haciendo un rodillo, pero sin hacer fuerza. Lo mismo, en la espalda a nivel de omoplatos, de abajo arriba y en el cuello, de un lado a otro por encima del tiroides. Esos son los “puntos clave” por los que detecto, si existe inflamación. Unos pacientes te responden con un gesto de dolor, otros con un alarido y otros te responden de forma jocosa, que puedes seguir con “el masaje” …
Al ser una inflamación de baja intensidad, no presenta los clásicos síntomas de la inflamación aguda, que son: dolor, calor, rubor (enrojecimiento) y tumor (agrandamiento). Pero sí otras señales y sensaciones más generalizadas como, por ejemplo:
En definitiva, síntomas inespecíficos, que no matan a nadie, pero que fastidian.
Y la pregunta clave es: ¿de qué se está defendiendo el cuerpo cuando eso ocurre?
Todos sabemos que la inflamación es una respuesta de defensa frente a la infección o cualquier ataque a la integridad de nuestro organismo. Del mismo modo, la inflamación de bajo grado es también una respuesta, eso sí, leve e insidiosa, frente a un enemigo en este caso, más sibilino.
Este enemigo no suele ir por libre, sino unido a otros enemigos, y entre todos, van deteriorando poco a poco los sistemas y provocando la enfermedad crónica.
Y me refiero a todo un cortejo de factores pro inflamatorios como son:
La mucosa que primero se suele irritar es la del intestino, y su inflamación se extiende con rapidez a las demás mucosas. Eso no quiere decir que necesariamente tenga que ser así, pero es de lo más frecuente. En cualquier caso, todo en nuestro cuerpo está conectado y vinculado por:
En conclusión: todas las partes del cuerpo están conectadas y se enteran de todo, respondiendo al unísono, en mayor o menor medida, según su afectación o implicación, cuando algún enemigo ataca al sistema de todos.