Ana Azanza

El páncreas y la resistencia a la insulina

Ana Azanza

El páncreas y la resistencia a la insulina

19/07/2022

Casi seguro, has escuchado hablar de la resistencia a la insulina o por lo menos te suena de algo. Pero quizás no hayas oído hablar tanto del páncreas.

Nuestro pobre páncreas es una glándula que tenemos casi oculta en el centro del abdomen, y que se encarga de segregar insulina, cuya función es introducir la glucosa dentro de las células.
Es como que no soporta ver azúcar por la sangre y cuando ésta se pone dulzona porque hemos comido pan, fruta, chocolate o cualquier alimento dulce al páncreas le entra la “fiebre limpiadora” y le da por barrer y barrer hasta no dejar ni rastro de esta sustancia pegajosa.

Le digo “pobre” porque me da pena. Es como un limpiador que no para de pasar la fregona mientras nosotros ensuciamos todo el tiempo sin mirar para él. Actuamos como si no existiera.
Y de hecho, cuando hablamos de nuestras tripas siempre nos referimos al estómago, al hígado, a la vesícula, al intestino… Y¿cuándo nombramos al páncreas? ¿Qué sabemos de él? ¡El páncreas también existe! como dirían los de Teruel.

Pues el páncreas, además de verter a la sangre insulina, como acabo de decir, produce jugo pancreático lleno de enzimas y bicarbonato para terminar de hacer la digestión de los alimentos y neutralizar la acidez del jugo gástrico cuando llega al intestino.

O sea, que tiene doble función: función endocrina (verter a la sangre insulina) y función exocrina (verter jugo pancreático al tubo digestivo). Así es de importante.
Pero centrándome ahora en su función endocrina, te diré que muchas personas someten a su páncreas a un sinvivir con un tipo de alimentación muy provocadora desde la mañana hasta la noche. No le dejan ni respirar. Me refiero a un consumo exagerado de alimentos hiperglucemiantes que elevan la glucosa en la sangre, y que por tanto, provocan una respuesta de secreción de insulina.

Como la insulina hace descender a la glucosa en la sangre, pasamos de un estado de hiperglucemia al extremo opuesto de hipoglucemia. Y cuando estamos en esos niveles bajos de azúcar en sangre, sentimos debilidad y vacío de estómago, y volvemos a picar algo, que suele llevar carbohidratos, con lo cual, nuevamente subimos a hiperglucemia.

Es una sucesión de picos durante todo el día. Repitiendo estos picos de glucosa y de insulina hacia arriba y hacia abajo todos los días durante años, al final se crea una resistencia a la insulina, es decir, las células del cuerpo, cansadas de obedecer al páncreas le dicen: ¡basta ya! Y la glucosa deja de entrar en las mismas por más que se lo pida la insulina.

El páncreas insiste e insiste y el resultado es que en sangre se acumula mucha glucosa y mucha insulina, lo que a su vez produce almacenamiento de grasa en el abdomen.
Eso es lo que se conoce como resistencia a la insulina y es la antesala de la diabetes, porque el páncreas se agota poco a poco y deja de segregar hormona. Entonces con medicación se le exprime hasta sacarle la última gota. Y cuando ya está más seco que la mojama, y no da más de sí, se empieza a sustituirlo con inyecciones de insulina.

A la conclusión que hemos de llegar después de este terrible relato, es que podemos evitarlo cuidando de nuestro páncreas como si fuera nuestro padre o nuestro hijo o alguien muy querido. Y para ello no queda otra que evitar los picos de insulina provocados por un consumo excesivo de alimentos hiperglucemiantes como pan, galletas, bollerías, arroces, espaguetis, patatas, miel, azúcares, frutas, alcohol y un largo etcétera.
Y sobre todo evitar los desnatados que son los alimentos más hiperglucemiantes, porque al suprimir la grasa el azúcar se dispara con más rapidez en la sangre. Si te tomas un yogur, tómatelo griego, sin azúcar y con trocitos de nuez dentro.