¿Lo sabes todo sobre la caducidad de los alimentos?

Las etiquetas de los alimentos  están cargadas de información que nos puede ser muy útil, entre el modo de utilización, los cálculos nutricionales, los ingredientes… no puede faltar «la fecha de caducidad o la fecha de consumo preferente” del alimento.  ¿Y qué debes saber al respeto?

En general, los alimentos frescos no tienen incorporada la fecha de caducidad, es decir, si compramos manzanas o tomates o sardinas… nuestros sentidos nos darán una idea de cómo está el alimento y de cuando ya no podemos tomarlo. Veremos fácilmente su aspecto, caracteres cómo su color, su textura, su olor… nos darán idea de la salubridad del alimento. Igualmente la fecha de compra, especialmente en los alimentos más perecederos como carnes, pescados y derivados frescos, debemos tenerla siempre presente, y no esperar a más de 2 días hasta consumir el alimento, sino lo mejor es congelarlo.

Debes saber, que los alimentos en sí no son estériles, contienen microorganismos en pequeñas cantidades que podemos tolerar de manera normal. Ahora bien, si los alimentos (algunos más sensibles) no se conservan o no se manipulan adecuadamente, estos microorganismos pueden empezar a desarrollarse hasta que afectan al alimento, causando enfermedad al ingerirlos. Es importante guardar bien los alimentos frescos y refrigerarlos, puesto que las temperaturas de 4 a 6 grados ºC, mantienen controlado el crecimiento de éstos microorganismos.

Ahora bien, para los alimentos envasados, podemos encontrar que indican o “fecha de caducidad” o “fecha de consumo preferente” . La principal diferencia entre ambas  está en que la primera está relacionada con posibles problemas sanitarios causados por el alimento, mientras que la segunda hace referencia a la disminución de la calidad del producto. Dicho de otro modo, si tomamos un alimento pasada la fecha de caducidad, podríamos poner en riesgo nuestra salud; mientras que si nos tomamos un alimento en el que haya pasado la fecha de consumo preferente, seguramente de se daría un posible cambio en las características sensoriales del alimento en cuestión, por ejemplo, en unas galletas la pérdida del crujiente…

Y ¡no te olvides! una vez abierto el envase se deben seguir las instrucciones del fabricante…